Bitácora

He fallado como crossfitter

Mis camisetas no tienen colores chillones o marcas deportivas y mis zapatos no alumbran en la oscuridad.

El Crossfit llegó a mi vida una tarde mientras buscaba opciones diferentes a seguir pagando mensualidades en un gimnasio donde no sabía usar una sola maquina y además, me sentía intimidado por tipos musculosos y gigantes con 10 años menos y mejor peinado. Desde la crisis desatada por una foto del día mi cumpleaños, mi deporte favorito consistía en pensar en soluciones para bajar de peso. Diez kilos de más comenzando los 30, no quería imaginarme a los 35.

Comencé yendo al gimnasio por unos meses hasta que mi frustración se desbordó tanto que decidí cambiarlo por un curso de natación, pero mis expectativas de nadar como sirena se vieron reducidas a flotar como pez muerto, así que me retiré con más penas que glorias. No habiendo muchas opciones, decidí darle una oportunidad al Crossfit.

A los 16 años, recuerdo que alguien en medio de un ataque de ira me gritó que yo era un radical. No estoy seguro de qué dije, pero logré desbaratar la aparente calma de un profesor universitario de una famosa universidad. Siempre he sido un radical, es parte de mi exageración hereditaria. En mi familia no se necesitan test de ADN sino pruebas de exageración y terquedad. Pues sí, en mi afán de bajar de peso y haciendo uso de mi juicio radical, eliminé el azúcar de mi vida, comencé un nuevo programa de entrenamiento y empecé a comer tanta carne que yo creo que las pobres vacas comenzaron a temer por sus vidas.

Ya van tres años desde que empecé, pero aún parece que fuera ayer. Especialmente porque aún no me sé los nombres de los ejercicios o cuánto levanté en mi última repetición y tengo serios problemas tratando de identificar cuánto peso tengo en la barra. Es más, todavía me produce pereza ir a entrenarme y pensar en lo que me van a poner a hacer, pero al mismo tiempo me genera satisfacción cuando termino y me doy cuenta de lo que hice. Es una lucha interna bastante intensa, hay días en los que me dejo ganar por la idea de quedarme en la casa viendo una película y otros en los que la culpa me atosiga tanto que termino yendo. Lo repito, he fallado como crossfitter, pero al menos bajé los 10 kilos que quería bajar.

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