Bitácora

La parábola del padre pródigo

He llegado a la conclusión que yo sería un mal padre, muy a pesar de lo que diga mi carta astral o mi fatídica experiencia con mascotas. Aquí es donde tengo un flashback al momento en el que mi pollo mascota muere en mis brazos. Piopí no vivió más de dos semanas, pero fueron las dos semanas más maravillosas de nuestras vidas. Bueno, puede que no, pero siempre que veo algo de Marimar, me quedo pensando en que Piopí murió saber el final.

Si olvido mis blogs, no quiero saber lo que pasaría con mis hijos, afortunadamente los niños hacen ruido o en su defecto, si se llegasen a perder, debe existir algún artilugio tecnológico que me ayude a saber dónde dejé al fruto de mis entrañas. ¡Un momento! ¡Detengan la música! ¿eso de las entrañas cuenta para hombres también? Es que entrañas suena más lindo que gónadas.

En todo caso y como me gustan los cuentos, sobre todo cuando me los leen antes de dormir, voy a decir que regresé por mis blogs refundidos luego de haber seguido un camino de migajas de pan que me llevó a una casa hecha enteramente de dulces. Lástima que ya no como dulces por aquello de la dieta paleo que me dio por seguir desde que me vi tan gordo que ya no parecía yo. Los años no llegan solos.

A pesar del abandono, mis blogs seguían vivos, se negaban a morir, ya hasta habían quemado a una bruja que intentó comérselos asados al carbón. Luego de una larga plática en la que lloramos, recordamos buenos tiempos y nos prometimos no olvidarnos, mis blogs decidieron perdonarme. Aunque claro, me pidieron que les diera mi apellido y parte de mi herencia. También una mejor casa, fue por eso que le hice unas reparaciones al blog.

Así que heme aquí de nuevo, recordando cómo es eso de ser papá y tratando de alimentar mis blogs con nuevas entradas, ya que la bienestarina no es suficiente para que crezcan sanos y fuertes. Han pasado 4 años, lo sé, pero al mismo tiempo nunca he dejado de escribir. Este blog que comenzó como una bitácora de mi vida en el extranjero se quedó en veremos. Puede que por mi falta de computador durante varios años o por la novedad de vivir en medio de una cultura desconocida. La razón no importa, al final los blogs son como los buenos amigos, puede que pasen muchos años sin verse, pero cuando los reencontramos es como si nunca los hubiéramos dejado de ver.

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