Seriada

III

Una foto en el espejo del baño. A pesar de dudarlo suficientes veces como para saber que era una mala idea, se dejó llevar por los demás perfiles, la idea no era sentirse especial, ni diferente. Aunque en realidad no quería parecer muy desesperado. Usaba una camiseta algo ceñida que dejaba a la imaginación la labor de definir los músculos que sutilmente se insinuaban.
Se sentía solo, no entendía cómo una ciudad tan grande podía estar invadida de tantas parejas y él sencillamente estaba sin nadie a su lado. Cada vez que lo pensaba, intentaba olvidar la idea con una sonrisa pero sólo lograba apretar los labios contra los dientes y subir las mejillas, muy pocos sabían que sus gestos eran tan obvios.

La mañana había sido fría, el día auguraba temperaturas bajas y las nubes grises invadían el cielo por completo, formando una capa que cubría la ciudad, en el pronóstico del tiempo habían anunciado lluvias precedidas de vientos fuertes.

Había terminado su sesión de fotografías, en todas intentaba lucir casual, detalle algo difícil de conseguir para un lugar tan poco habitual como un baño pero hacía su mejor intento. De las treinta y dos fotos, sólo diez cumplían su objetivo, las otras veintidós eran descartables, en tres había fruncido el seño, en cuatro le habían quedado los ojos rojos gracias al flash, las otras no funcionaban por la luz, la pose forzada o su nariz que alcanzaba a verse absurdamente grande y desproporcionada.
De las diez seleccionadas ahora debía escoger cuáles funcionaban con las mejoras que el programa de retoque fotográfico le permitía. Tres fueron las escogidas, aún así subiría sólo dos a la aplicación.

Durante el desfile anual había sido tentado por los hombres que marchaban felices haciéndole promoción a una aplicación para dispositivos móviles, estaba cansado de sentirse solo y creyó que creando un perfil en una página o en su correspondiente aplicación, lograría conocer al hombre de su vida, ese hombre sencillo y con cuerpo de modelo que lo abrazara en las noches para dormir.

Descargó la aplicación, alistó las fotos para su futuro avatar y pensó en utilizar sus iniciales como nombré de usuario.

GM, 26 años, 178 cms, 75 kg, cuerpo atlético, busca amistad, romance, pareja. No pensaba añadir más, con eso sería suficiente, ahora sólo debería esperar.

Tres minutos después ya tenía cuatro mensajes, dos guiños, tres corazones y un favorito. Revisó los mensajes, dos preguntaban si estaba caliente, el tercero le enviaba una foto bastante comprometedora y el cuarto le ofrecía un masaje erótico por una módica suma. Los dos guiños venían de dos japoneses, el favorito se lo había dado alguien que parecía ser un niño de doce años, además que su nombre de usuario era una extraña mezcla de letras que a primera vista recordaban el nombre de algún animal por descubrir.

No sabía qué responder así que decidió simplemente ignorar, esperó diez minutos y la situación no parecía mejorar. Buscó su película favorita y empezó a verla. Le encantaba cantar y la canción de los créditos era perfecta para su situación… “All by myself, don’t wanna be all by myself anymore…”

Durante una pausa para ir al baño, revisó su móvil, tres mensajes nuevos habían llegado, otra foto y dos holas. Prefirió seguir viendo la película, los mensajes eran iguales, indagaban por su temperatura corporal, su posición favorita o la correspondencia numérica de ciertas partes de su cuerpo con un metro.

Tuvo tiempo de consultar perfiles y revisar fotografías. Se sentía en una plaza de mercado, cada uno se ofrecía a su manera, incluso anunciaban su nivel de higiene y su disposición de cumplir a cabalidad cualquier proposición. Difícil labor la de conseguir una persona para compartir una vida cuando tantas se ofrecen para compartir una noche.

Estaba cansado del sexo casual, de sentirse miserable a la mañana siguiente y de la depresión que llegaba luego de ser abandonado en su cama, desnudo y usado. Le faltaba alguien con quién compartir tiempo, con quién hablar de la vida, caminar por el parque o que simplemente extendiera los brazos para sobrellevar los días que se vuelven largos y grises. Para cualquiera parecía simple, para él se veía cada vez más complicado.

Llevaba algunos meses descansando de su vida descontrolada, había decidido detenerse cuando vio de cerca lo peligroso que podía resultar su juego.

Mensaje número treinta y cuatro: Arriba o abajo?
Mensaje número cuarenta y tres: tienes más fotos?
Mensaje número cincuenta y uno: quieres divertirte esta noche?

Mensaje número cincuenta y cinco: Hola, soy nuevo aquí, quieres hablar?

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